El problema no es la prevención, es esta prevención.
Este editorial plantea una reflexión crítica sobre las actividades preventivas en atención primaria y advierte que la aplicación indiscriminada de recomendaciones clínicas puede producir daños evitables, especialmente en pacientes de edad avanzada con múltiples enfermedades.
Como punto de partida, se presenta el caso de una mujer de 84 años con diabetes, hipertensión y fibrilación auricular. La incorporación de un nuevo fármaco, siguiendo las recomendaciones de una guía de práctica clínica para optimizar el control glucémico, desencadena una serie de acontecimientos adversos: mareos, caída con fractura de cadera, delirio, pérdida funcional, una segunda caída con traumatismo craneoencefálico y, finalmente, el fallecimiento. Este ejemplo ilustra cómo una intervención técnicamente adecuada puede ocasionar una cascada de complicaciones cuando no se adapta al contexto y las características individuales del paciente.
Una parte importante del daño asociado a la atención sanitaria no deriva de errores en la ejecución de los procedimientos, sino de realizar intervenciones innecesarias. Asimismo, cuestiona el uso acrítico de las guías de práctica clínica, señalando que estas están diseñadas para enfermedades individuales y se fundamentan en ensayos clínicos realizados con poblaciones altamente seleccionadas, que no representan a los pacientes habituales de atención primaria, caracterizados por multimorbilidad, fragilidad y polimedicación. La aplicación simultánea de múltiples guías puede generar tratamientos excesivos, interacciones farmacológicas y recomendaciones contradictorias.
Frente a esta problemática, se propone incorporar la prevención cuaternaria, entendida como el conjunto de acciones destinadas a identificar a los pacientes con riesgo de sobremedicalización y protegerlos de intervenciones médicas innecesarias. Esta perspectiva no implica hacer menos medicina, sino practicar una atención más prudente, individualizada y centrada en la persona, evaluando cuidadosamente el balance entre beneficios y riesgos antes de indicar cualquier medida preventiva. También reconoce la incertidumbre inherente a la práctica clínica y legitima la decisión de no intervenir cuando los posibles perjuicios superan los beneficios esperados.
El editorial propone un cambio de paradigma que involucra a gestores, docentes, profesionales y pacientes. Se plantea revisar los sistemas de incentivos que favorecen la sobreintervención, fortalecer la formación en toma de decisiones prudentes y promover la participación informada de los pacientes. En conclusión, el verdadero desafío no consiste en prevenir más, sino en prevenir de manera sensata, personalizada y basada en el mejor equilibrio entre beneficio y riesgo, con el objetivo de evitar daños derivados del exceso de intervenciones.
Accedé al artículo completo: Rosa María Añel Rodríguez. El problema no es la prevención, es esta prevención. Atencion Primaria 58 (2026) 103560.