Enfermedad hepática relacionada con el alcohol: una revisión.
Importancia: La enfermedad hepática alcohólica (EHA) es la principal causa de morbilidad y mortalidad relacionadas con el hígado, y la indicación más común para el trasplante hepático en Europa y Estados Unidos. En Estados Unidos, la mortalidad relacionada con la EHA aumentó de 6,7 muertes por cada 100 000 habitantes en 1999 a 12,5 muertes por cada 100 000 habitantes en 2022.
Observaciones: La EHA puede desarrollarse con un consumo diario prolongado de alcohol superior a 20 g al día en mujeres (1,4 bebidas estándar/día) y superior a 30 g al día en hombres (2,1 bebidas estándar/día). Una bebida estándar contiene 14 g de etanol, equivalente a aproximadamente 355 ml de cerveza, 148 ml de vino o 44 ml de licores destilados. La EHA abarca la esteatosis reversible; la esteatohepatitis, que puede causar hepatitis alcohólica; y la fibrosis, que puede causar cirrosis, hipertensión portal, descompensación hepática y carcinoma hepatocelular. Los factores de riesgo para la progresión de la enfermedad hepática alcohólica (EHA) incluyen el aumento de la cantidad y duración del consumo de alcohol, el sexo femenino, la edad avanzada, la obesidad, la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico, el tabaquismo, la hepatitis viral y ciertas variantes genéticas.
La mayoría de los pacientes con EHA (90%) son asintomáticos o presentan síntomas inespecíficos, como fatiga. La hepatitis alcohólica suele causar fiebre, anorexia, náuseas, vómitos, dolor abdominal e ictericia. Las personas con cirrosis descompensada suelen presentar ascitis, hemorragia por varices, ictericia y/o encefalopatía hepática. Las pruebas no invasivas de fibrosis hepática, como la puntuación Fibrosis-4 (que incluye alanina transaminasa, aspartato aminotransferasa, recuento de plaquetas y edad), y las pruebas de segunda línea más específicas, que incluyen la medición de la rigidez hepática (elastografía transitoria controlada por vibración) y marcadores de fibrosis en sangre como la prueba de fibrosis hepática mejorada y el propéptido N-terminal del colágeno tipo III, proporcionan un diagnóstico temprano de la EHA y evalúan la gravedad de la fibrosis hepática, que es el predictor más importante de los resultados relacionados con el hígado.
Se recomiendan intervenciones para dejar de consumir alcohol, como la terapia de mejora motivacional, la terapia cognitivo-conductual y la terapia farmacológica (p. ej., baclofeno, naltrexona) para prevenir la progresión de la enfermedad. Dado que el consumo de alcohol a menudo no se informa, las herramientas de detección, como la Prueba de Identificación de Trastornos por Consumo de Alcohol y los biomarcadores sensibles de la ingesta reciente de alcohol (p. ej., fosfatidiletanol en sangre) pueden mejorar la precisión clínica.
La abstinencia sostenida de alcohol es el tratamiento principal para la EHA. En pacientes con cirrosis hepática relacionada con el alcohol, la abstinencia alcohólica durante un seguimiento medio de 36 meses se asoció con un menor riesgo de mortalidad relacionada con el hígado (cociente de riesgos instantáneos ajustado: 0,43 [IC del 95%: 0,26-0,70]) y de mortalidad por todas las causas (cociente de riesgos instantáneos ajustado: 0,45 [IC del 95%: 0,30-0,67]). Se debe considerar la evaluación para trasplante hepático en pacientes con hepatitis alcohólica grave o cirrosis descompensada.
Conclusiones y relevancia: Las personas con consumo crónico diario elevado de alcohol deben someterse a una evaluación para detectar enfermedad hepática alcohólica mediante pruebas no invasivas. El objetivo principal del tratamiento es la abstinencia de alcohol. Los pacientes con hepatitis alcohólica grave o cirrosis descompensada deben ser considerados para trasplante hepático.
Accedé al artículo completo: Krag A, Åberg F, Mellinger J, Lee BP, Israelsen M. Alcohol-Related Liver Disease: A Review. JAMA. Published online July 06, 2026. doi:10.1001/jama.2026.12038